Réveillez-moi si je suis morte

16 12 2008

Eso fue lo que me escribí en la espalda este año, por julio pretendiendo quitarme un peso de encima y forjarme una armadura de por vida. Muchos se preguntarán qué querrá decir; mi madre tardó en entenderlo (sigo dudando que lo haya hecho), y tras largas explicaciones por la webcam logré hacerle comprender que mi más grande miedo es morir en vida.

No, no soy una fanática perdida de películas tipo Resident Evil, no, sólo considero que nuestra vida es lo único que tenemos y es un desperdicio no estar consciente de estar vivos. Es por esta razón que con este cartel tatuado en mí, doy permiso a cualquier lector furtivo (o recurrente) que me despierte, es decir que me haga retomar consciencia de mi vida en el momento que se dé cuenta que estoy muriendo.

Creo que ahora con meses de distancia puedo decir qué me ha aportando este tatuaje. Lo primero que tengo que mencionar es el susto y la preocupación materna, que de cierta forma logró acercarme más a ella, al permitirle conocer unos de mis miedos. Este susto fue acompañado de muchas sorpresas entre mis conocidos, sobretodo en los que me tenían guardada en un estereotipo muy recatado/puritano/propia de típica “niña bien”, que tengo que admitirlo me encanta haber roto. El tener un tatuaje por otro lado me hizo hacerme parte del grupo de los tatuados pero finalmente mi vida y mi forma de vida me deja bien claro que no pertenezco a ningún grupo y que formo bien parte de todas las colas de las distribuciones normales.

Pero lo más importante hoy en día es que soy una con esa frase, es parte de mí y no soy yo sin ella sobre mí. Con esto puedo decir que efectivamente me he quitado un peso de encima al tener todo el tiempo esta maravillosa armadura; sin embargo no dejo de pensar que la vida se me va, aunque me sepa viva, siento que no estoy viviendo como quisiera estar haciéndolo.

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